viernes, 15 de febrero de 2013

Impacto de la salida de Venezuela de la Comunidad Andina (CAN)


Resumen: El balance sobre la trayectoria de la Comunidad Andina (CAN) requiere de un análisis de los factores externos e internos que han incidido en los errores y aciertos de este esquema de integración regional. La salida de Venezuela a mediados del 2011, demostró la fragilidad de un proceso de integración modelo en sus comienzos y sus ideales, pero que sus resultados y falta de voluntad política, propiciaron una serie de desavenencias entre sus miembros. El reflejo del impacto en lo económico, social y político de la separación de Venezuela de este proceso de integración puede ser percibido en las regiones fronterizas con Colombia, cuya cercanía geográfica e interrelaciones sociales y económicas, la hacen más propensas sufrir las consecuencias de esta medida.

Palabras claves: Integración, Desarrollo, Mercado, Crecimiento Económico, Pobreza

Abstract: The balance on the trajectory of the Andean Community (CAN) requires an analysis of the internal and external factors that have affected the rights and wrongs of this regional integration scheme. The output of Venezuela in mid-2011, demonstrated the fragility of a model integration process in its infancy and its ideals, but their results and lack of political will led to a series of disagreements among its members. The reflection of the impact on economic, social and political separation of Venezuela from this integration process can be seen in the border areas with Colombia, whose geographical proximity and social and economic relationships, the more likely they suffer the consequences of this measure

Keywords: Integration, Development, Market, Economic Growth, Poverty

Introducción:

La salida de Venezuela anunciada en el  2006 y concretada a mediados del 2011, abrió la compuerta a una serie de conjeturas acerca del futuro de la organización. Las riquezas naturales que representa Venezuela para la región, presume una pérdida de mercados y productos para un proceso que ha tenido de sortear múltiples obstáculos a lo largo de su trayectoria. Los errores voluntarios e involuntarios de sus integrantes, han llevado a muchos políticos, economistas, tecnócratas y empresarios, a reflexionar acerca del futuro de la Comunidad Andina  (CAN) en un mundo globalizado que exige mejores y concretos resultados en sus procesos de integración.

El impacto de la salida de Venezuela de este proceso de integración, abrió una serie de interrogantes sobre las posibilidades que presenta el país para enfrentar nuevos retos en cuanto a integración se refiere. El reciente ingreso al MERCOSUR, la mirada puesta en la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR) y en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) permiten vislumbrar nuevos escenarios. Aún así en las regiones fronterizas con Colombia, quien era el mayor socio comercial regional, el escenario parece muy distante y refleja en forma directa un señal de cuan frágil son estas regiones al momento de afrontar decisiones que afecten sus interrelaciones sociales y económicas.

El cierre de empresas, la pérdida de miles de fuentes de empleo y la decreciente pérdida de valor de la moneda venezolana frente al peso colombiano, son por citar algunas de las repercusiones sentidas en los municipios fronterizos del estado Táchira con el Departamento Norte de Santander en Colombia. Esta situación ha propiciado el resurgimiento de bandas criminales y grupos irregulares que asumen controles de los principales oficios ilícitos que se producen en estos espacios.

Las discrepancias políticas que desencadenaron la salida

El 26 de mayo de 1969 mediante la firma del Acuerdo de Cartagena por parte de Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú y Chile, se da inicio a un proceso de integración modelo para su época en Suramérica, nace Comunidad Andina (CAN) o llamada en sus inicios como el Pacto Andino, como un proyecto que pretende alcanzar un desarrollo integral, más equilibrado y autónomo mediante la integración andina, sudamericana y latinoamericana, esta unión permitió conjugar esfuerzos a fin de mejorar sus deficientes economías y mejorar las condiciones de sus ciudadanos. Aunque durante las primeras décadas de funcionamiento de este proceso, el enfoque de la organización se basó netamente en mejorar las condiciones de crecimiento económico como prioridad para luego vislumbrar un desarrollo social, ambas premisas han tenido que pasar por una serie de dificultades propias de los procesos de integración en Latinoamérica.

            Los primeros veinte años de la CAN transcurren en ideas y mecanismos para organizar este instrumento de integración, pero sin mostrar los resultados esperados. A finales de 1989 aspectos exógenos al sistema como la crisis mundial de los 80, cambios tecnológicos, el redespliegue industrial, las aperturas de las economías y la necesidad de mejorar la competitividad de las naciones, conciben para los países miembros la necesidad de realizar una revisión exhaustiva sobre los resultados mostrados y la visión de la Comunidad.

            Transcurren los años sin muchos contratiempos en lo político dentro del esquema, pero a mediados del 2006 el anuncio de la salida de Venezuela del sistema de integración andino, deja confusos a sus integrantes y países observadores. Las razones políticas expuestas por Venezuela fueron la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) por parte de Perú y Colombia con los Estados Unidos de Norteamérica, lo cual fue visto por el gobierno venezolano como una desviación de los intereses del grupo, de igual forma el deseo del gobierno venezolano de integrarse al MERCOSUR como socio pleno influyó en la toma de decisión. Otros hechos subsecuentes como el afianzamiento del llamado Plan Colombia y la posible instalación de bases norteamericanas en el vecino país, así como también la muerte en territorio ecuatoriano del guerrillero Raúl Reyes, aumentaron la renuencia de Venezuela de volver a participar en este proceso de integración.

A pesar de los continuos llamados a no abandonar la CAN por parte de naciones aliadas políticamente como Ecuador y Bolivia, el 21 de abril del 2011, tal como lo establece la normativa, se cumplieron los lapsos establecidos para la salida definitiva. Desde el anuncio hecho por el presidente Hugo Chávez en la Asunción a mediados de Abril del 2006, el comportamiento de las variables económicas, sociales y políticas comenzaron a manifestar distorsiones negativas en especial en la frontera colombo-venezolana, espacios donde el retiro del proceso de integración ha tenido el impacto que no fue considerado.

El impacto en la frontera colombo-venezolana

            Destacar las consecuencias de la salida de Venezuela de la Comunidad Andina (CAN) refiere revisar indicadores económicos en las regiones fronterizas colombo-venezolana y su impacto social y político, tomando como referencia estas regiones cuya cercanía geográfica e interrelaciones las hacen más propensas a sobrellevar los cambios sobrevenidos a raíz de esta medida.

            Los antecedentes históricos de la frontera entre Colombia y Venezuela, permiten dilucidar una relación basada en un constante flujo comercial producto del abandono de estos espacios geográficos a lo largo de décadas y de la necesidad de supervivencia marcada durante siglos. La vinculación familiar, social y cultural de miles de ciudadanos en la frontera hacen de estos espacios territorios frágiles a los cambios políticos que en cualquier de los dos países se propicien.

            Estos cambios no se hicieron esperar, las discrepancias en lo político comenzaron a sentirse en lo económico y social tal como se presagió. A principios del 2011, José Rozo, Presidente de FEDECAMARAS sección Táchira, informó la pérdida de más de 25.000 empleos directos en los municipios fronterizos, en especial 3.500 en el sector transporte el cual fue duramente impactado, así como en el sector textil y manufacturero. De acuerdo a datos presentados, 5 almacenadoras y 200 transportadoras cerraron sus puertas ante el declive económico en la región, así como 40.000 familias que viven del comercio binacional han tenido que emigrar a otras regiones o modificar sus ocupaciones a fin de solventar esta realidad.

            Esta situación también se refleja en la pérdida de confianza de la moneda venezolana en comparación con el peso colombiano. En el año 2000 la moneda colombiana se cotizaba a un promedio de 16 pesos por bolívar lo cual denotaba una fortaleza de la moneda de Venezuela en contraposición con la moneda de Colombia. Este hecho y otras circunstancias del momento, impulsaron la inversión en la frontera colombo-venezolana. A raíz de otras diatribas económicas y la desconfianza que comenzó a reinar a raíz de la salida de Venezuela de la CAN, el valor del bolívar comenzó a depreciarse en relación con el peso, llegando a cifras como las actuales donde se cotiza un peso colombiano por 0,80 bolívares.

            De igual manera esta realidad puede vislumbrarse al estudiar el desarrollo progresivo de la ciudad vecina del lado colombiano (Cúcuta), cuyo progreso ha sido analizado por Néstor Solano, Comisionado de Fronteras de la Gobernación del estado Táchira (2012) quien expuso “Como el producto de un Plan Nacional de Desarrollo, un enfoque regido bajo una Ley de Fronteras que posibilita una integración departamental y municipal y las posibilidades de apertura a otros mercados de los productos colombianos a través del TLC con los Estados Unidos y la más reciente anexión de Colombia a la Alianza del Pacífico junto a Chile, México y Perú, la ciudad de Cúcuta pasó de ser un pueblo olvidado y abandonado a una metrópolis moderna y segura, con un crecimiento mobiliario en expansión y con las condiciones moderadas para la inversión pública y privada”.

            El progreso demostrado esta última década por el Departamento Norte de Santander y en especial por la ciudad de Cúcuta, así como el deterioro de la calidad de vida en poblaciones fronterizas como San Antonio del Táchira y Ureña por citar algunas, ha propiciado el traslado de empresas y equipos que operaban en estas poblaciones, hacia la vecina población de Cúcuta donde las condiciones económicas y jurídicas les permiten desarrollar sus actividades.

            En lo político la salida de Venezuela de la Comunidad Andina ha tenido sus repercusiones que van desde la pérdida de confianza en las regiones fronterizas, ausencia de inversión por parte del Estado venezolano, la no planificación conjunta de planes de desarrollo y de políticas públicas para mejorar la calidad de vida de los habitantes de estos territorios. Este aspecto puede vislumbrarse en los últimos 6 años donde no se ha desarrollado ninguna obra de importancia para el progreso y desarrollo de los municipios fronterizos.

            El deterioro económico, social y político en las regiones fronterizas de Colombia y Venezuela ha propiciado en forma indirecta el resurgimiento de un fenómeno que preocupa a ambos gobiernos. La inseguridad como un flagelo social ha encontrado en estos espacios el terreno y las condiciones ideales para su accionar. Desempleo, deserción escolar, carestía de productos alimenticios, agrícolas y manufacturados, han favorecido la aparición de bandas criminales y grupos irregulares que aprovechando esta realidad, controlan desde el contrabando de combustible, alimentos y otros productos, valiéndose de la situación de deterioro social y económico en la región.

            A su vez la salida de Venezuela de la CAN, conllevó a la ruptura de programas de intercambio educativo que impulsaban el desarrollo intelectual y el aprovechamiento de oportunidades de miles de jóvenes de la frontera. Basta revisar la realidad de los centros de educación universitaria en los municipios fronterizos de Venezuela con Colombia para reconocer la gran debilidad que tiene el Estado venezolano.

Conclusión

Un diagnóstico sencillo sobre el impacto de la salida de Venezuela de la Comunidad Andina luego de décadas de integración, puede observarse en los municipios fronterizos del Táchira con el Departamento Norte de Santander de Colombia. Tras largos intentos de mejorar la calidad de vida de los habitantes de estas poblaciones, la ruptura de los programas de desarrollo bajo la figura del bloque andino, han llevado al declive económico, social y político en estos espacios sin que se tomaran las previsiones posibles.

Basta revisar los indicadores económicos y sociales no oficiales para comprender la realidad de la frontera cuyos espacios han sido los más afectados por esta medida. Aun cuando el Estado venezolano optó por nuevos mercados para la compra y adquisición de productos para sobreponerse a la decisión tomada, ignoró por descuido o negligencia, el impacto que esta medida tendría en sus fronteras con Colombia.

A su vez la ausencia de políticas públicas integrales, un plan de desarrollo que involucre a las regiones fronterizas y la falta de voluntad política, han propiciado una serie de complicaciones en estas zonas, desde desabastecimiento, desempleo, deserción escolar hasta el repunte de contrabando y la inseguridad, son por citar algunos de los problemas que aquejan a miles de venezolanos cuya única esperanzas reside en esperar ser tomados en cuenta como actores sociales a la hora de tomar decisiones que afecten su forma de vida. De igual forma la actual situación económica, social y política de las fronteras con Colombia requiere que se asuman compromisos serios que permitan mejorar las condiciones de los venezolanos que residen en estos espacios.


Bibliografía:
Caballero, J. (2009 Abril 12) Comunidad Andina de Naciones buscará superar crisis en reunión en Lima. El Universal, p A-18.

Comunidad Andina de Naciones (Página web en línea). Disponible en: http://www.comunidadandina.org/

Gutiérrez, A. (1999) “LA COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES: BALANCE Y PERSPECTIVAS”. Revista Aldea Mundo. Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela.